jueves, 26 de diciembre de 2013

POEMA XII- DESGARROS DE AMOR. AKASHA VALENTINE. ED.REEDITADA.


POEMA XII- DESGARROS DE AMOR. AKASHA VALENTINE. 

La distancia entre tu boca y mis labios es demasiado grande como para no tenerla en consideración. Mi lengua, inquieta y humedecida por la sensación que le provoca el placer de alcanzar aquello que aún no puede tocar, se mueve turbada por la emoción y el deseo de tenerte con todas mis fuerzas, con el único fin de acortar ese largo trayecto que hay entre tu rostro y el mío, pero que lamentablemente sólo existe en mi imaginación, en ese pequeño rincón que queda para los sueños que nunca tuvieron un final feliz. Quisiera tener el valor suficiente para decirte cómo me siento, aquí y ahora, pero por desgracia lo que yo quiero no se adapta a la realidad de los hechos y al final del día acabo sufriendo más de lo necesario, pues aunque no lo desee de forma voluntaria mi cabeza sigue ladeándose ligeramente para encontrarte en el mismo lugar que tú solías frecuentar mucho antes incluso de que mis sentimientos llegaran hasta a ti. Y cuando mis ojos comienzan a ser conscientes de la realidad deseo llorar con todas mis fuerzas, sin importar el lugar, la gente o el momento, simplemente deseo hacerlo sin tener que darle a nadie explicaciones por ello o tener que justificar cada una de mis acciones ante personas que no comprenden cómo me siento.

Lo sé, y soy consciente de que el error es mío, y por eso, aunque aún no te has dado cuenta, me gustaría que tuvieras en mente este hecho y es que la vida es tan sólo un segundo en la eternidad, un momento que no volverá a suceder jamás, un espacio en el que el tiempo nos ha sido regalado para que vivamos como deseemos y por eso yo quiero hacerlo a tu lado. Y aquí estoy yo, como un ingenuo soñador atesorando cada momento, cada experiencia vivida como si fuera la última, porque tal vez para mí ya no haya un mañana, y este pensamiento que tan aterrador resulta cuando eres plenamente consciente de él me obliga a no querer seguir siendo una persona acobardada por cada acción de la vida. Quiero que estés a mi lado de forma voluntaria, pero lo que yo no deseo es seguir tus huellas a pies juntillas, porque tengo la sensación de que si lo hago todo mi mundo acabará desmoronándose en un momento y tal vez acompañado con una frase cargada de sentimientos confusos y de palabras imperfectas que sólo logren dañarnos y crear malos entendidos.


Y sé que llegará el día en el que tu amor se lo llevará el viento como si nunca hubiera sido mío, y esa idea corrompe mis ilusiones y hiere mis sueños. Por eso en el silencio de la noche y con la voz muy suave te diré que quiero seguir estando a tu lado para siempre, atesorando esos besos de amor y esas caricias de complicidad que sólo tú serás capaz de regalar a mi corazón en este tiempo que nos toca vivir. Ahora que todo comienza no quiero decirte nada más, dejemos paso a este dulce cariño que nace de la pasión, rompamos de una vez por todas las distancia que nos separa, toca mi piel y desnuda mi ser con las puntas de tus dedos, con las yemas de éstos. Haz que mi mundo gire en torno al tuyo, pues sin ti ya no puedo seguir viviendo una vida normal. Qué dulce y tranquilizadora es la esperanza cuando te toca.

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com

NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2011- 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.   

miércoles, 18 de diciembre de 2013

POEMA XI- SUICIDIO DE AMOR. AKASHA VALENTINE. ED.REEDITADA.


POEMA XI- SUICIDIO DE AMOR. AKASHA VALENTINE.

No, sé que no te inquietarás cuando los rayos iluminen el negro cielo que encapado se viste para mí del color del luto que tú nunca lucirás por mi persona. Sé que no llorarás ni una sola lágrima por mi moribundo cuerpo cuando yo ya esté muerto, por eso la esfera que se alza sobre nuestras cabezas lo hará por ti, derramará sus lágrimas en forma de gotas de lluvia y así mojarán tus ojos imitando esas secreciones que secas están en los rabillos de tus ojos. Estoy aquí, aunque no quieras verme, al pie de tu ventana esperando a que hagas acto de presencia, pero tu cortina sigue echada, las persianas bajadas, y olvidas que soy esclavo del deseo que me provoca tu piel y mal alimenta a mi alma con migas en lugar de pedazos grandes que calmen el hambre que siente mi cuerpo cuando estoy sin ti. No puedo conciliar el sueño, pues cada vez que me dejo caer sobre mi cama siento que las sábanas que me arropan son en realidad las ramas con espinas que protegen a sus rosas. Pues tu olor, que con dulce apariencia me invita a evocarte en mi memoria, me enloquece cuando muerdo la tela pensando que es tu piel la que saboreo con el paladar de mi lengua. Mujer ¿qué has hecho conmigo? ¿Qué clase de embrujo me tiene atado a ti? De día, cuando aún estoy lúcido por el descanso, camino sin rumbo fijo, con la cabeza llena de pensamientos de todo tipo, buenos y malos, dulces y amargos, reconfortantes y desvastadores, sometiéndome a sus caprichosos deseos e impidiéndome concentrarme en todo cuanto deseo hacer. Te maldigo y a la vez venero, pues no quiero que mires al futuro con esperanza, porque con mi muerte me llevaré tus deseos, tus anhelos, tu forma de ver la vida y de amar sin ser consciente del daño que haces, cuando besas otros labios que no son los míos. La lluvia que tanto te gusta ya no volverá a resultarte nada hermosa, y en cierta medida esa idea me consuela y me reconforta, pues sentirás lo que yo siento, sufro y padezco cada vez que te imagino en brazos de otro hombre que como yo a tus pies se postra y bebe de tu boca el elixir de la vida eterna que juras darnos pero cuya promesa nunca llevas a cabo. Quiero hacerte daño, pero soy consciente de que mis palabras aún no te han herido, que mi pena y mi dolor no te han hecho enloquecer, como tú lo hiciste con mi mente tiempo atrás, cuando creía en la inocencia de tus actos, en la bondad de tus gestos. Llámame traidor si con ello te vas a sentir más satisfecha, pero tan sólo quiero que tu alma quede tan atormentada que como única salida que te quede para seguir adelante es que quieras regresar a mi lado, pero llegado ese fatídico momento te darás cuenta de que ya es demasiado tarde, pues ya no habrá nada que puedas hacer salvo esperar a la muerte de forma impaciente. Amor, mi amada, no te molestes en caminar hacia delante con la esperanza de encontrar una vida mejor, quédate muy quieta y callada en esta habitación llena de recuerdos imborrables y de luto permanente, que te recuerde de forma continuada que un día la risa lleno cada rincón de cada esquina. Como última voluntad quiero que arrojes tu alma a las sombras, castígala hasta quedar fatigada, y cuando sientas que el peso del mundo es demasiado grande para ti únete a mi dolor para toda la eternidad, permitiendo que el mundo siga su curso y dejando que los vivos lloren a los muertos una noche más. Como tiempo atrás tú no lo hiciste por mí, y sobre mi boca ahora descansa el arma que la vida me ha de quitar. 

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com

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martes, 17 de diciembre de 2013

POEMA X- TU MANO. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


POEMA X- TU MANO. AKASHA VALENTINE. 

Sobre un cielo despejado e iluminado por los rayos del sol he alzado mi mano al aire aguardando una emoción sorpresiva, un instante que no quiera huir ni desaparecer de mi lado en el corto intermedio que dura un abrir y cerrar de ojos. Con los labios pegados a mi boca semicerrada se va escapando el escaso aire que queda en el interior de mis pulmones vacíos, y ese mismo oreo se aleja de mí formando pequeños suspiros que son despedidos con amargo pesar por la comisura de mis labios. Dejo mi mirada expuesta, atendiendo el ruego de mis pupilas que inquietas desean jugar con las ramas de los árboles que como brazos extendidos se enredan entre sí imitando los abrazos de los amantes que bajo esas mismas copas se acurrucan buscando el cobijo que la sombra les ofrece. Tentado quedé y prendado por su refugio me recogí, y mucho antes de que fuera consciente de lo que iba a suceder tu mano terminó rodeando a la mía, y yo te eché a un lado, evitando que vieras mis propios miedos y demonios e impidiéndote de esta manera que te dieras cuenta de que en realidad lo que estaba haciendo era protegerte de lo que yo por aquel entonces creía una barrera insuperable. Si te sonreía, era más cortesía que por valentía, para mí las apariencias lo eran todo y en la timidez me ocultaba para no tener que encontrarme cara a cara con mis propias emociones.

Pero tú, que sabías cómo leer entre líneas, que me veías tal y como era yo, dejaste a un lado los convencionalismos sociales y nuestros dedos quedaron así entrelazados en perfecta unión como dos piezas de puzzle. Quiero ser, me dijiste, la única persona en tu vida capaz de teñir tus mejillas de un color rosado rojizo en la intimidad de la noche. Mi meta será sentir el tacto de tu piel bajo un lecho de amor consumido por el deseo, para encontrarme cara a cara con la necesidad de ser amado. Y a pesar de lo que vivimos por aquel entonces, que para mí aún sigue siendo como un sueño efímero, soy consciente de que no hay nada malo en lo que hacemos, pero lamentablemente el mundo en el que vivimos se empeña en catalogar al amor y a las personas que no comparten su misma visión. Pero yo no veo nada malo en ti, pues mis ojos se han visto reflejado en el interior de los tuyos, y me he dado cuenta de que sólo te puedo querer a ti, pues eres la única persona que es capaz de saciar mi sed cuando mis labios están secos, tú eres el único que entiende cómo funcionan mis emociones o el albañil que es capaz de levantar los ladrillos caídos de mi corazón roto por la desesperación.


Quiero amarte, y ser libre de poder hacerlo, sin etiquetas, sin falsas risas o dedos que nos señalen cuando tu mano se une a la mía y no hay nada malo en ello. Algún día, tal vez, en algún lugar no muy lejos de este lugar no muy lejos de éste, daré con un cielo teñido de colores anaranjados en el que espero poder hallar tu sonrisa una vez más. Anhelo atesorar este momento como el más preciado de toda mi vida para toda la eternidad. Soy plenamente consciente de que este amor que por ti siento es la fuente de mi vida, la razón de mi existir, la brújula que me guía hacia una vida mejor. Este amor para mí es tan novedoso que me resulta confuso y a su vez aterrador. Me provoca vergüenza y a la vez miedo, pero sé que sin ti nada sería lo mismo, si tu mano no estuviera ahí tendida siempre que la necesito. Quiero entrelazar nuestros labios en la oscuridad de la noche para reafirmar nuestro amor. Quiero que me sigas sorprendiendo con pequeños gestos de ternura cuando menos me lo espere. En definitivamente quiero sostener tu mano aunque tú pienses que con este gesto simple y llano, no conseguirás nada más.  

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com

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domingo, 15 de diciembre de 2013

POMA IX- ÁMAME HASTA QUE DUELA. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


POEMA IX- ÁMAME HASTA QUE DUELA. AKASHA VALENTINE. 

El hoy será mañana y me cuesta aceptar este hecho como parte de la vida. Lo que hace una milésima de segundo era presente, ya es pasado en mi existencia, y tal vez sea por ese miedo a perder lo que tengo que hace que valore esas primeras experiencias como auténticos tesoros que como bien sabes no volverán a repetirse. Por eso te pido que no me niegues tu mirada cuando la necesito en el interior de mi ser para poder seguir viviendo, aunque tú creas que exagero, yo bien sé que eres la fuerza que impulsa a mi corazón a seguir latiendo. Por eso ruego a la vida, para que me dé el suficiente conocimiento como para aprender más sobre lo ya vivido, pues no quiero pensar que nuestras almas no están destinadas a estar juntas para toda la eternidad, aun cuando yo siento que a tu lado no necesito emplear palabras cuando el silencio se acomoda entre tu cabeza y mi almohada. Qué difícil es llevar sobre mis hombros este triste pensamiento, que en forma de sueño me habla de lo que aún está por llegar sin haber hecho todavía acto de presencia, pues soy consciente de que algún día ese mismo sigilo al que tanto me gusta alabar rondará nuestras bocas y silenciará para siempre estás mismas palabras y otras muchas otras que no supimos expresar. ¡Y qué pesar causa en mí! Al ser consciente de que ya no habrá más besos en los que refugiarse en la tempestad que nace en el deseo del lecho, qué amarga sensación se quedará en mí si el día de mañana ya no estás aquí para ayudarme a ser feliz, sólo como tú sabes hacerlo. Qué aterradora me resulta la idea de pensar que el día menos pensado tu vida se escapará de mis manos sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Me aflige y me duele el pecho sólo de pensarlo. Cariño, soy consciente del peso que tienen estas palabras sobre ti, y por eso quiero que sepas que si crees que en algún momento necesitas seguir caminando sin echar la vista atrás, no te preocupes, te dejaré que lo hagas con la única promesa de que vuelvas a mi lado cuando te hayas encontrado. Si piensas que este amor es demasiado fuerte para ti aflojaré las cuerdas con las que te he atado con el fin de que no sufras. Pues lo que menos deseo en esta vida es matar este amor con mis propias manos. Si en algún momento la ira se apodera de tu ser déjala salir de forma inmediata, para que así el odio que en estos momentos te embriaga no reine en tu corazón y yo acabe siendo dañado por esas malignas emociones que nunca te pertenecieron. Qué duro me resulta pensar que cada acto de nuestra vida condiciona las decisiones de otra persona. Qué pesado se hace el mundo y qué angustioso resulta cuando tu sonrisa no ilumina mi existencia. Pues si en algún momento crees que te oculto algo retírame la mano para que así pueda seguir viéndote tal y como eres, para que me dé cuenta de que eres todo cuanto necesito. Si crees que una simple lágrima no es suficiente como para retenerte tras una pelea, entonces permitiré a mis ojos que suelten tantas como sean necesarias con el fin de encontrar consuelo entre tus brazos. Si piensas que en algún momento la soledad está al acecho de tu persona no te preocupes, que te cubriré con el amor de mi ser para que de está forma desaparezca de forma inmediata de tu vida. No quiero que tu boca bese otros labios que no sean los míos. No quiero pensar que tu amor se ira lejos de mi lado, a un lugar inalcanzable para mí. No quiero que pensar que este amor es tan sólo un sentimiento pasajero, libre y sin dueño. No quiero que la tristeza sea el barco de mi vida, que me lleva sin rumbo fijo alejándome de tu persona. Qué fácil es y a su vez qué liberadores resultan los sentimientos correspondidos, los besos aceptados y devueltos. Los que van y bien, los que son impresos en hojas de papel y sólo son para nosotros. Qué esperanzador es encontrar una mano en mitad de la noche, un cuerpo desnudo y cálido bajo un lecho de rosas sin espinas. Qué hermosa es la vida ahora que el amor que tanto miedo me daba ha vuelto a mi corazón sin sombras, miedos o dudas. Porque eres tú, ya a nada le puedo temer, siempre y cuando tu seas el guía que ilumina mi camino hasta el final de mi vida.
 
Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com


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sábado, 14 de diciembre de 2013

POEMA VIII- EL INDULTO DE MI ALMA. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


POEMA VIII- EL INDULTO DE MI ALMA. AKASHA VALENTINE. 

Vi a las yemas de tus dedos aferrarse con firmeza a la colorida cortina de color crema. Y arrastrar tras de ti el viento que oculto, detrás de la ventana, esperaba ser presentado como un invitado más con el que poder permanecer cómodamente sentada, aunque estuviera sentenciada a guardar silencio durante toda la velada. Te llamé y exclamé tu nombre una o quizás dos veces más de lo habitual. Y tú te diste la vuelta, pues estabas de espaldas a mí, y me ofreciste el mundo bajo tus brazos con una sonrisa color carmesí, mientras hablabas sin cesar y yo no podía pensar con claridad, pues embrujada me quedé bajo esa perfecta visión que me enmudeció de golpe. En aquella época mi vida era un absoluto caos, y sólo me acerqué hasta ti con la intención de pedirte el indulto de mi alma, la salvación de mi espíritu que, amartillado y desconsolado, sólo deseaba la libertad que bajo mi yugo no podía darle. Pues mis propios sentimientos habían sido encerrados en una caja de cristal con el único fin de protegerlos de todo mal.

Nunca me paré a pensar en ti, quien a menudo perdías la noción del tiempo viendo sin ver nada los claros azules del cielo, con las pupilas fijas en el horizonte y la mirada perdida en el intenso vacío que existía entre el espacio y tu cuerpo. Por aquel entonces recuerdo querer asomarme al borde de tus ojos para poder ver con más detalle el interior de tu persona. Pero lamentablemente me daba miedo lo que pudiera hallar en lo más profundo de tu ser. Y sin embargo la necesidad de profundizar en ti me invitaba a ello, para poder encontrar en tu interior un recuerdo de mi persona que sólo tu valorases por encima de todo lo demás. Quería, o mejor dicho deseaba, que este dolor que padecía terminase de una vez por todas, para poder ser libre y volar lejos de esta prisión a la que el mundo llama existencia. Anhelé cada momento de mi realidad tener unas alas con las que poder emprender el vuelo cuando me diera la gana, para así poder sentir el aire a través de mis plumas como si de caricias humanas se tratara.

Pero lamentablemente tú nunca creíste en mis sueños, y como si de una figura inútil me tratase, me retuviste en contra de mi voluntad impidiéndome llegar tan lejos como quisiera, encadenándome a un amor que hace mucho tiempo que ya no me corresponde. Y por más que te suplico que me liberes de esta prisión que tus propias manos han fabricado te niegas a concederme ese perdón que tan necesario es para mi existencia. Como dos extraños nos miramos cuando juntos estamos. Ninguno dice nada, y a su vez queremos hablar de todo cuanto nos sucede. Me ahogan estas incómodas sensaciones que han comenzado a nacer en el interior de mi pecho. Tal vez sea el momento de decir adiós, quizás sea lo mejor para ambos. Te prometo que lloraré el pasado uno o tal vez dos días seguidos, pero ni uno solo más. Es hora de concederle el indulto a mi alma y dejar atrás todo cuanto pudo haber sido y quedó emborronado por unas amargas lágrimas saladas de las que tú nunca quisiste hacerte cargo. 

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com


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domingo, 8 de diciembre de 2013

POEMA VII- ALMA ESPINADA. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


POEMA VII- ALMA ESPINADA. AKASHA VALENTINE. 

He dejado al silencio hablar en mi nombre y a mi voz, que nada tenía que decir, guardar mutismo. He cosido de forma simbólica mis labios para aprender a escucharte, ya que en el pasado parecía que nunca tenía tiempo para hacerlo. He despejando de mi cabeza, las dudas y los miedos, acabando así con mis propios demonios uno por uno. Te confieso que he hecho lo propio con mis malos pensamientos, pues personalmente los he ido empaquetado en pequeños grupos con destino al olvido, desde donde espero que no regresen jamás. Por ti he empezado a creer que la vida tiene algo más que ofrecerme, y este pensamiento racional ha logrado tambalear mis frágiles principios que hasta entonces creía intocables. Y es que aunque no lo diga, sabes que soy consciente de que el amor que por ti siento es tan fuerte que incluso me duele y me desborda, me mata y me atosiga, pero aún así, a pesar de que me resulta tan frustrante y pesado cargar con estás emociones que como hombre no comprendo muy bien, lo único que soy capaz de aceptar aquí y ahora es que te necesito cerca de mí para saber que sigues a mi lado, para poder seguir adelante sin miedo a flaquear o caerme. Tú, quien a mis ojos eres perfecta, sin defectos e imperfecciones, pura y sencilla, única e irreemplazable. A veces haces que me cuestione si una persona como yo merece tener a alguien tan piadoso como tú. Soy más consciente que nadie de que quererte como te quiero es ser imprudente, pues temo que algún día tu muerte o la mía sean el infortunio que me devuelva al infierno del que escapé sin apenas aliento, cubierto de heridas sangrantes que aún sin cicatrizar me siguen recordando lo letal y mortal que llega a ser la vida que nos toca morar en estos tiempos inconstantes en los apenas damos importancia a las pequeñas cosas que realmente nos hacen diferentes y grandes.


Mi amor, si me preguntasen en estos mismos instantes qué es lo que más me duele, yo respondería sin lugar a dudas que es poder ver cómo mis propios ojos vierten en los tuyos un sin fin de lágrimas caprichosas que no cesan por más que se lo pida. Sólo en tu cálida mano encuentro el consuelo de la serenidad, pero me duele atarte a mí y hablarte de mis miedos, y por ello guardo silencio, evitando crear malos sueños en tu lecho sobre los que dormirán cada noche bajo tu almohada, si se lo permito. Por eso, y aunque sea un acto egoísta por mi parte, me gustaría retenerte si pudiera entre mis brazos para toda la eternidad, para serenar a mis propios miedos e inseguridades que estoy seguro volverán a nacer. Quiero tenerte junto a mí de esta manera para después besarte sin descanso alguno en tu boca hasta quedarnos agotados y exhaustos por el esfuerzo de amarnos como lo hacemos. Cariño, es hora de mirar hacia delante, de saborear la inmortalidad, de recoger con nuestras propias manos los frutos de este amor que nos profesamos. Sé que lo sabes, pero aún así quiero hacértelo saber, soy terriblemente consciente de que te aferras a unos sentimientos candentes y algo dolorosos que atraen a tus peores temores para anidarlos en tu pecho y tejer en tu órganos emociones como el desasosiego o la incertidumbre, pero tranquila mi amor, aunque no me digas nada y silencies a tu boca de forma consciente para no preocuparme, sé muy bien que anhelas estar conmigo por encima de todas las cosas, por eso, mi amor sé que si pudiéramos hallar la forma de estar juntos para siempre sería la culminación de nuestro amor. Si pudiéramos, ambos seríamos una misma persona, una misma cosa, un alma espinada. 

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viernes, 6 de diciembre de 2013

POEMA VI - SUEÑO DE AMOR. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


POEMA VI- SUEÑO DE AMOR. AKASHA VALENTINE. 

No, no quiero sentir el tacto de tu mano sobre mi piel, porque me quema y me hiere, me duele y no me hace bien, y me provoca un sin fin de emociones que aniquilan mis frágiles principios que aún sin refinar ni pulir crecen en mi cabeza de forma inestable sobre unos cimientos endebles y quebradizos. No me toques, te lo ruego, y apelo a tu conciencia para que seas consciente de lo que me haces sentir cuando esos largos dedos unidos a tu mano me apresan y tiran de mí obligándome a volverme para que te mire sin querer verte. Dudo si conoces la palabra espacio en tu vocabulario, pero ahora mismo es lo único que necesito, una distancia lo suficientemente prudente como para que nuestros cuerpos estén separados pero no distanciados. Para que si te añoro pueda extender mi mano y tocarte, para apartarte con el dorso y la palma vuelta y respirar sin sentirme agobiado por tu persona. Puede que aún no lo sepas pero mi alma se ha derrumbado en el interior de mi corazón, está hecha pedazos y los fragmentos que componían los recuerdos de mi vida han empezado a caer sobre mi helado cuerpo como si se tratase de irregulares copos de nieve que agitados y temblorosos por ser conscientes de sus diferencias unen sus minúsculas manos para ser iguales. Quisiera, aunque me tomes por loco, cerrar en este momento, aquí y ahora, los ojos para siempre, para poder alcanzar ese sueño profundo del que uno no puede despertar aunque le levanten repetidas veces los párpados o le hablen sin cesar. Pues sé que sólo así podré calmar las emociones que siento y llevarme para siempre conmigo ese amor que es sólo nuestro.

Me pregunto en qué estarás pensando en estos momentos ahora que finjo no mirarte ignorando tu presencia con la mirada perdida en otra parte. ¿Te vas? Me sorprende que lo hagas, pues tu sombra no desea irse y tu recuerdo ya vaga por esta estancia sin rumbo fijo, y sin embargo no puedo ni verlo porque las lágrimas que inundan mis cuencas no me lo permiten y entre sollozos ruego y exclamo sin saber si entiendes que lo único que deseo es que te quedes conmigo hasta que me quede dormido. Soy sólo un niño, o acaso es que ya lo has olvidado, para mí el amor es algo nuevo, una emoción que no tiene ni pies ni cabeza, que me desequilibra y me hace caminar sobre la cuerda floja cuando estoy cerca de ti. Siento de forma constante que mi cuerpo herido deambula de un lado para otro sin saber muy bien qué camino debe tomar, pues tú nunca te has querido parar para decirmelo o guiarme más allá del umbral de la puerta de esta habitación que nunca queremos abandonar. Es tarde y ya estoy cansando, tal vez sea hora de dejarlo aquí por el momento, sólo hasta el instante en el que mi voz recupere el aliento y recuerde la forma en la que debo pronunciar tu nombre. Así que lo único que me queda por hacer es situarme debajo de la brillante luz de la luna, esperando con impaciencia a que tu mano abierta regrese a mi lado un día más para extenderse en el aire y poder soñar que la sostengo entre mis dedos, aunque sea consciente de que lo que estoy viviendo es tan sólo una falsa realidad que tarde o temprano se desmoronará. En este mundo caprichoso, deshonesto, embaucador y desagradecido continúo con la firme decisión de no arrepentirme ni por mis actos ni mis acciones porque sólo a ti te amo, incluso cuando no estoy despierto.

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com


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miércoles, 4 de diciembre de 2013

POEMA V- LAS PALABRAS QUE NO SON NECESARIAS. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


E.B. Leighton. Fotografía: Wikipedia

POEMA V- LAS PALABRAS QUE NO SON NECESARIAS. AKASHA VALENTINE. 

Qué grande resulta la distancia y qué lejana la cercanía aún cuando estamos juntos en la misma estancia, donde tu hombro semidesnudo descansa sobre una pared vacía y fría mientras mantienes la mirada fija en la ventana. Allí donde las gotas de lluvia se pegan al cristal, tú con tu diminuta boca exhalas el mismo aire que la vida te da para sorprenderme actuando de forma infantil dibujando con las puntas de tus dedos imágenes inanimadas que con afán te gustaría poder gestar. Y cuanto más te miro, más me doy cuenta de que eres como un enigma para mí, un rompecabezas sin solución, un puzzle al que le faltan algunas piezas. Mirarte quisiera, día y noche contemplarte, hechizado me tienes y fascinado me quedo, pues sólo tú eres capaz de provocar en mí semejantes emociones sin decir nada, pues no me dejas articular palabra alguna cuando te miro y en mitad del incómodo silencio que hemos creado tus huellas resuenan levemente, trayéndome de vuelta a realidad, cuando tus manos se extienden para tocarme y con tus provocadoras yemas rozas y dibujas sobre mis agrietados labios la forma en la que el tormento de ansiedad se crea por desear y anhelar lo que no puedo tener y esa idea de estar unido de forma eterna atado a tu propia boca me quita el aliento, me consume por dentro, me fatiga y me hiere, me quema y me pudre, y aún así sigo deseando ser ferviente devoto de tu persona aún siendo consciente del lamentable estado en el que me dejas. Me quejo por todo, lo sé, y me siento patético por pensar de la forma en que no debo, es tan sencillo perderse en el dolor y la tragedia que anida en el interior de mi pecho que hasta a un genio le resultaría difícil escapar de mi propia prisión personal. Ven, amada mía, a la hora del crepúsculo, a donde habita el infortunio acogida por la desventura. Se me atraganta la lengua en el interior de mi paladar al pensar que en esta noche seré tuyo durante unas horas nada más. Y tal vez sólo unas minutos antes del amanecer recobre la consciencia para saciar de nuevo está sed que no se calma, esta llama que no se extingue y que se inflama cuando tus senos desnudos son devorados por mi boca y entre gemidos y quejidos te hago mía una vez más. Qué fácil resulta encontrar a tus manos dispuestas a sucumbir a mi merced, pues siempre parecen estar dispuestas a taparme con el velo de la verdad y ocultarme todo cuando no deseo tener delante de mis ojos. Qué altanero resulta el tiempo cuando nos acecha en contra de nuestra voluntad,esperando con impaciencia a que esa humanidad que anida en nuestro interior muera. Y aun así, aun siendo conscientes de que la muerte está más cerca de lo que creemos conversamos de forma pausada, imaginando sueños que nunca llegarán a puerto. Qué agotador resultaría para mi alma descargar todas estas lágrimas que viven aún en mi mientras permito a mi mente juguetear con la idea de encadenarte por toda la eternidad a mi ser con el fin de aplacar el dolor que en mi pecho resurge y que no me deja vivir. Quiero volver a sentir el calor de tu cuerpo, el tacto de tus manos, la fuerza de tus brazos, para que de esta forma pueda enfrentarme a un destino del que no puedo escapar. Qué sencillo resultaría cerrar los ojos y olvidar todo cuanto he ido aprendiendo en esta vida. Qué perecederos resultan los buenos momentos y qué eternos y fastidiosos los malos. Fatigado y cansado me siento pesado ahora que soy consciente de que mi vida sin ti ya no tiene sentido alguno. 

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com


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POEMA IV- MORIR ENTRE TUS BRAZOS. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


Dante Gabriel Rossetti. Fotografía: Wikipedia

POEMA IV- MORIR ENTRE TUS BRAZOS. AKASHA VALENTINE. 

En este nuevo día que despierta al mundo me he dado cuenta de que la razón ya no está aquí conmigo. Me resulta devastador tener este tipo de ideas rondando por mi cabeza, sin rumbo, sin destino, sin una estación en la que apearse para que me dejen vivir tranquilo. Fatigado y agotado me encuentro, con el raciocinio agarrotado y la esperanza harta de creer en mis palabras de falso alivio, con las que pueda sostenerse en el mundo imaginario levantando con sus propias manos castillos en el aire. Quizás sea por la apabullante necesidad de ser libre de estas ataduras que encadenan a mi corazón que me he arrojado como un loco desesperado por la libertad hacia la oscura noche que vive escondida detrás de mis cortinas y cuya puerta tiene forma de ventana, donde bajo este cielo estrellado he arrojado mis pensamientos al aire con el único fin y deseo de que el frío e inconstante viento los arrastre tan lejos de mi lado como le sea posible hacerlo para que no vuelvan a encontrarme nunca más. Quisiera, aunque sólo fuese durante un breve instante, recuperar el aliento y tal vez el raciocinio de mi propia mente, para después volver a cerrar los ojos una vez más y ser engullido por las oscuras sombras del crepúsculo que habitan desde hace mucho tiempo en esta habitación. Desearía poder dejar caídos mis párpados como telones al final de una función, para que de esta forma los recuerdos que no se han despegado de las paredes, los muebles y del colchón sigan acogiéndome entre tus imaginarios brazos y arrojen algo de luz a mi imperfecto mundo cubierto ahora por un denso manto de tinieblas. Siento lástima de mí mismo cuando clavo mi mirada en el fragmentado espejo, en el que mi imagen apenas puede ser reflejada en los pocos pedazos que le quedan. Sonríe cuando la miro, y sus afilados dientes como cuchillos me incitan a tener ideas descabelladas, alimentando más aún mi desgracia por querer creer que la muerte es un bálsamo de alivio con el que sanar mi mal de amores.

Piedad, ruego, y tal vez lo exclame en voz alta cuando nadie está ahí para escucharme, pues hace tiempo que dejé de oírme y ya no sé si lo que pienso lo digo, o lo que no digo tal vez sólo esté vivo en mis pensamientos. Mi mente vive en un continuo estado de confusión y desasosiego. Quiero pensar que cuando abra los ojos tu imagen, aquella inocente mirada que el tiempo me robó, seguirá estando ahí una vez más para mí, iluminando esta enorme estancia vacía que sin tu presencia ya no tiene razón para existir. El dolor que en estos mismos instantes siento y padezco es como una llama sofocante, ardiente e incurable cuya huella siempre queda a fuego grabada en lo más profundo de nuestro ser, en un lugar que sólo es visible a nuestros propios ojos. Y por mucho que nos duela, por más que intentemos liberar a nuestra alma de esa pesada carga, somos terriblemente conscientes de que no podemos hacer nada salvo esperar a que el tiempo cicatrice esa herida incurable y tal vez sólo así seamos capaces de salir adelante, aun heridos y con miedo a seguir recordando a quienes fueron únicos y especiales en nuestras vidas. Y aún así no estamos completamente seguros de que ese dolor que nos mantiene cautivos se vaya a ir para siempre de nuestro lado. Me gustaría creer que en algún momento mi existencia llegará a su final y que la piadosa muerte me tocará. Quiero rogarle a las épocas que aún están por llegar que sean benevolentes con mis pensamientos y me alivien de la pesada carga que soporto. Quiero que esta noche todo acabe en un abrir y cerrar de ojos. Ruego a Dios Todopoderoso que, cuando la mañana llegue, me permita morir entre tus brazos y estar así unido a ti por toda la eternidad.

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com


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domingo, 1 de diciembre de 2013

POEMA III - LA RAZÓN DE MI OLVIDO. AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


Dante Gabriel Rossetti. Fotografía: Wikipedia

POEMA III - LA RAZÓN DE MI OLVIDO. AKASHA VALENTINE. 

Caen mis párpados sobre mis ojos como telones de acero y siento a mi pecho cada vez más pesado. Oigo a la tristeza hablarme desde dentro, ahora resguardada en un oscuro refugio que ha creado ella misma en lo más profundo de mi ser, echando raíces que alimenta con las lágrimas que a menudo suelo verter cuando nadie me mira. Finjo estar siempre bien acompañada, pero lo único que encuentro cuando la noche cae y cierro la puerta de mi alcoba es este insufrible dolor que se ha quedado enredado en mi pecho y que tira de mi ser cada vez que exhalo una simple bocanada de aire. A menudo pienso, y sobre todo lo hago cuando tomo consciencia de ello, que lo único que en realidad yo deseo es liberar a mi alma de esta pesada carga que en estos momentos sostengo sobre mis hombros, para alzar mi voz en el aire y de esta forma dejarla volar en libertad, lejos de las rejas que tuve que imponerme a mí misma para no dañar esta imperfecta imagen que he creado para la sociedad. Tiemblan las yemas de mis dedos al imaginarte cerca de mí, pero la realidad me golpea duramente, pues ojalá pudiera hallar las palabras necesarias para hacerte volver a mi lado en esta noche que no acaba, en estos segundos que no corren, en este reloj roto que escondido entre los libros duerme sumido en un sueño profundo, pues su única función en esta vida ha llegado a su final. Debí haber hablado en aquellos momentos, ahora lo sé, pero lamentablemente olvidé cada sílaba y cada letra en algún rincón de mi memoria y ahora, perdida y sin rumbo, sin razón ni sentido, siendo consciente de qué no sé ni lo que digo, o si lo que hago es coherente, siento que te pierdo cada vez más. Dando tumbos sin rumbo fijo, me descalzo y me desvisto, y desnuda me acuesto en el catre esperando ser abrazada por unas manos invisibles que imiten el tacto de tus dedos en este interminable día que no cesa. Sé que no debo hacerlo, pero me aferro con desesperación a esa pena que sin mí no tiene hogar ni cobijo, mientras mis manos son heridas por la presión que ejercen mis puños al cerrarse con fuerza sobre ellas. Quiero ser fuerte para ti, pero el pesimismo me lo impide, provocándome un fuerte malestar en lo más profundo de mi ser que logra herirme mortalmente, pues la falta de aire en mis pulmones me hace recordarte cuando los recuerdos que por un momento pensé que podrían ser borrados han vuelto a mí. Y sin darme cuenta he alzado mi mano para poder atraparlos entre mis dedos, con el fin de retenerlos a mi lado para que nadie más pueda llevárselos a un lugar donde no pueda encontrarlos jamás. Si Dios existe, y puede oírme, me gustaría pedirle que cumpliera para mí un único deseo: le ruego que me ayude a cerrar estos cansados ojos que fatigados de llorar podrían llenar ríos y océanos, imploro a su razón para que me conceda mi última voluntad que no es otra que la de no volver a despertar. Para poder encontrarte algún día entre el cielo y el infierno, y así saciar este pesar que no consigo acallar y que tal vez se calme si contemplo tu rostro una vez más. Sí se me concediera esta oportunidad hablaría sin miedo, tapujos o rodeos. Y te diría con el corazón en una mano y mis sentimientos en otra que simplemente deseo volver a la vida para morir un día más entre tus brazos y de esta forma ser resucitada por tus labios, con el sabor de tus besos.

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com


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POEMA II- ANHELANDO LO PROHIBIDO DE AKASHA VALENTINE. ED. REEDITADA.


Frederick Arthur Bridgman. Fotografía: Wikipedia

POEMA II- ANHELANDO LO PROHIBIDO DE AKASHA VALENTINE. 

Quédate muy callada, con la cabeza bien alta y la mirada fija en mis ojos, permitiendo que el sol ilumine tu pálido rostro del que mi corazón se ha encaprichado. Permitamos que las palabras que sobran enmudezcan en este momento, para que así los sentimientos puedan salir a flote y nuestros cuerpos sean capaces de expresarse por sí mismos sin necesidad de que nuestras voces les molesten. Temblorosa, mi mano ascendente se ha posado sobre las líneas que marcan tu rostro y sin darme cuenta de ello he acabado postrándome ante tu belleza, mientras mis emociones han sucumbido al calor que emanan tus labios cuando dibujas para mí una sonrisa en tu boca. Mis emocionados dedos han sorteado con extrema dificultad al testarudo aire que nos envuelve para así poder alcanzar tu escueta figura, que agita mi pecho cuando la contemplo abrumado por el inmenso calor que las olas del deseo provocan en lo más profundo de mi ser. En mi deber como hombre, te juraré que atesoraré con ternura el amor que siento por ti en lo más profundo de mi alma, para que de esta forma el miedo, la desconfianza, e incluso la sospecha no aniden en tu mente y siembren en ti sentimientos semejantes a la incertidumbre. Ahora que mi cabeza, ligera de toda carga y pensamiento, duerme acomodada entre tus senos puedo confesarte que he anhelado robarle al tiempo los momentos que me he perdido por no poder estar contigo. Y con este pensamiento he creído ser un vulgar ladrón por anhelar aquello que nunca será mío por derecho propio, porque lo que más deseo en esta vida es poder guardar esta felicidad en un lugar seguro donde nadie pueda encontrarla, donde nadie pueda estropearla. Amada mía, te invito a que atrapemos en este mismo instante cada emoción que exhalamos del interior de nuestra boca, cuando nuestros cuerpos agitados y enloquecidos por el intenso calor que anida en el interior de nuestros sexos se conviertan con la llegada del clímax en hermosas estrellas fugaces, que podremos rememorar siempre que queramos a cualquier hora del día o de la noche. Besémonos, sin prisa pero sin pausa, bajo nuestro propio cielo estrellado desde donde nadie más nos observa. Amémonos hasta que el amor nos duela o nos mate, lo que primero suceda. Quiero volver a verte, porque cada instante que estoy sin ti, una parte de mí acaba muriendo. Porque desde que te conozco mi propia vida comenzó a tener un sentido, una razón y un motivo. Y siento que con cada verso que escribo anhelo emociones prohibidas que un hombre como yo no debería ni tan siquiera llegar a imaginar. Dejemos en cada rincón de esta vida una imagen grabada a fuego con nuestras marcas, para que de esta forma podamos tener como mínimo un millón de recuerdos fundidos en nuestro pecho. No permitamos que la tristeza que ahora se ha alojado en las cuencas de mis ojos confunda este amor que siento por ti, pues te amo tanto que si alguna vez tú me faltas, te juro que no sabría cómo vivir. Y con esta confesión de amor quiero cerrar los ojos y yacer en un profundo sueño, mientras sigo unido a ti, física y emocionalmente, recogido por tus brazos y alimentado por los besos que formas en tu boca. Amor mío, si pudiera darle un nuevo significado a la palabra felicidad, desde luego yo pondría tu nombre y tu rostro en ella, pues tú eres mi sueño perfecto en esta noche que no quiero que acabe. 

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